Notas de Fans

El día que el fútbol te dijo adiós …

18 de Junio del 2016 00:36:36
Por: Arturo Brizio

Hoy amigos míos, les vengo a platicar el día más negro en la historia del arbitraje mexicano. Ese día donde se dejaron de escribir historias fantásticas, llenas de excelencia, de rigor, de personalidad, de conocimiento reglamentario, de condición física impecable, de manejo de partido, de estilo y de una simplicidad para pitar como si hubiese nacido, sabiendo hacerlo.

Todo debiera comenzar el mes de septiembre del año 76, donde por primera vez hizo sonar su ocarina en alguno de los tantos llanos que hay en este país, para dar inicio al más hermoso de los deportes, que por su enseñanza comencé a querer casi casi desde el 9 de Enero de 1988, día de mi nacimiento, que es el momento en que realmente comienza esta anécdota.

Nací, crecí, aprendí a vivir de la mano del hombre que en el camino ha aprendido a ser el mejor padre que pudiera yo tener. Seguramente ustedes queridos lectores y amantes de este bello deporte llamado fútbol lo conocen bien por nombre y apellido, pero quisiera yo contarles que además de ser el mejor árbitro que ha tenido México y el mundo en su momento, es  un ser humano integro, lleno de valores, de una simpatía desbordante, una sapiencia que asombra, con una memoria sorprendente, que le ayuda a recordar desde historias de antaño hasta el chiste adecuado en el momento preciso, abogado de profesión, árbitro por pasión, papá de corazón, su nombre, Arturo Pablo Brizio Carter.

Recuerdo ese negro día para el fútbol, fue un domingo, perfecto además para todos aquellos practicantes de la que es una especialidad deportiva mexicana , la mentada de madre, era un 10 de Mayo. Llegábamos al calor que se sentía por la final que albergaba La Bombonera, en la fría capital del Estado de México, Toluca, en donde los diablos rojos recibían a un Necaxa   que venía de propinarles un descalabro de 2 a 1, por lo que los mexiquenses estaban obligados, en casa, a salir campeones del balompié mexicano.

Entramos a las gradas, mi mamá, mi abuelo y yo, en un estadio que era una locura, la alegría que trae el fútbol se sentía en cada porra, en cada grito, en cada brinco de los aficionados, de ambos bandos, lo que se celebraba en ese lugar era algo indescriptible, inimaginable para mí a la temprana edad de 10 años, era un enfrentamiento que reunía dos aficiones, lo que se vivía en ese lugar era la fiesta del fútbol.

En la cancha hubo un partido de los más lindos que he visto en mi vida, parecía que los jugadores sabían lo iba a suceder acabado el partido, y estaban dando su mejor actuación en homenaje al que se iba. Necaxa adelantó a los visitantes no con uno, sino dos tantos a cero muy temprano en el partido, pero los rojos guiados por Fabián Estay, José Manuel Abundis y un jugador que llegó a ser emblemático para la institución, José Saturnio Cardozo, dieron vuelta al marcador y consiguieron el tan ansiado campeonato.

Segundos antes de acabar el partido, mi abuelo que en paz descanse, a quien recuerdo con gran amor y cariño por tener siempre  la intención de hacerme feliz y cumplir mis caprichos como el excelente abuelo que fue, me preguntó si quería entrar a la cancha, a lo que con incredulidad y sin vacilar ¿Qué creen ustedes que respondí? Bajamos hacía la reja que divide la cancha de las gradas, y como era de esperarse, había un guardia que nos negó el acceso, pero mi abuelo amañó el partido explicando que el árbitro era mi papá y era ese su último partido dentro de las canchas mexicanas como silbante, a lo que el señor encargado de la seguridad accedió y tras finalizado el partido, se me permitió entrar al campo para fundirme con mi viejo en un abrazo lleno de amor, orgullo y admiración hacia mi padre, a quien el día de hoy quiero aprovechar estas cortas líneas y esta historia tan burda que les acabo de relatar para decirle lo mucho que le amo y lo agradecido que estoy porque lo poco o mucho que soy y pueda llegar a ser en la vida, se lo debo a él y a la educación, el tiempo, los regaños y su apoyo que siempre ha sido incondicional para mí, pero sobre todo por la figura que has sido, eres y serás siempre para mí, el más grande de la historia, y no sólo en lo deportivo.

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