Notas de Fans

El sacrificio de un padre

20 de Junio del 2016 15:26:52
Por: Lorena Campos

Era el año 53, estaba quebrado y con un bebé en camino.  Nada de lo que intentaba funcionaba, me habían corrido de tres trabajos y mis amigos me habían olvidado por la falta de dinero. Las cáscaras del barrio eran lo que me sacaban a flote y me mantenía vivo, ese sueño de ser futbolista profesional había quedado atrás. Había metido solicitud de empleo a una fábrica de tabiques. Conseguí el trabajo después de dos entrevistas, una donde un señor gordo se había burlado de mis zapatos rotos y sucios. Tras meses de trabajo y el niño por nacer, el dinero no alcanzaba y no alcanzaría cuando David naciera. Le pedí al encargado que me diera otro turno, así mínimo mi mujer empezaría a comer carne y ya podía comprarle las flores que tanto le gustaban. En un mes ya tenía tres turnos, había dejado lo que más amaba hacer, jugar al futbol. Con los conocimientos en ingeniería que había aprendido en la fábrica, se me ocurrió una forma de hacer soldaditos de plomo, desde generar los moldes hasta como decorarlos. Ya para entonces tenía dos hijos y otro en camino. Un amigo al ver lo que estaba haciendo me dijo que renunciará a la fábrica y me dedicará a producir soldados de plomo. No le hice caso, ya tenía algo en mente. En esa época la industria subía y todo lo que fueran máquinas era rentable. Al ver las flores marchitadas en la mesa, llegó a mi una idea millonaria que pensé que sólo se quedaría en idea. Noche tras noche me desvelé, generé bocetos, diseños, hasta que logré el objetivo, creé la primera flor de seda en piso nacional. Renuncié a la fábrica y con un dinero que había guardado, invertí en máquinas y comencé mi propio negocio de flores de seda. En menos de un año, afuera del taller la gente se formaba desde las 5 de la mañana, se vendían flores como si fuera pan caliente. Con los empleados creamos un equipo de futbol.  Yo era feliz, había vuelto a jugar futbol los domingos, mi corazón estaba deprimido pero había dejado el deporte que más amaba por sacar adelante a mi familia. Sí, como bien piensan, me volví millonario y, sí, mi sueño más grande era ver a mi equipo en el estadio todos los fines, así que me compré un palco en el Azteca. Tenía la esperanza de que alguno de mis hijos fuera futbolista, pero me llevé una gran sorpresa, a ninguno le gustaba el futbol. A veces las cosas que hace un padre por su familia nadie las ve, pero detrás de todo ese arduo trabajo y desvelo, mi primera motivación siempre fue el futbol. Hijos, dénle gracias al futbol, porque sin él nada de esto hubiera sido real.

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