Internacional

El Maestro Tabárez

04 de Julio del 2018 09:57:22
Por: Rodrigo Pineda

Jugó a la pelota y enseñó en la escuela. Mientras dirigía, tras su retiro de las canchas, estuvo en el aula. Quizá con los niños de primaria descubrió que el futbol debía ser formador. Una herramienta para la vida. Comprendió que los valores son primordiales y que sus equipos debían tenerlos como bandera. Y así lo ha hecho. 71 años, el entrenador de mayor edad en Rusia; 183 partidos dirigiendo a un representativo nacional, el mayor número en la historia; 4 mundiales dirigiendo a Uruguay, tercero consecutivo. Dirigió en Argentina a Boca; en Italia al Milan y en Uruguay, a su Peñarol. Pero su historia con la “Garra charrúa” es de amor puro. 

Dirigió al combinado nacional en 1990, llegando a octavos. La despedida fue dura, el romance corto. Pero era un strike cantado su reencuentro. Y así fue. Tras la decepción que significó no estar en los mundiales de 1994, 1998, el fracaso en el 2002 y de nuevo no asistir a 2006, el idilio habría que retomarse. Fue como si los dos, Entrenador y Selección, se extrañaran. Se necesitaran. Y hubieran esperando pacientes por su encuentro. Tabárez volvió para dirigir la eliminatoria rumbo a Sudáfrica y calificar de nueva cuenta a su escuadra a un mundial. Llegaron a semifinales. Un equipo encabezado por Forlán, Suárez, Muslera y Diego Lugano, retornaron a Uruguay a los lugares protagónicos. Alzó la Copa América un año más tarde y se confirmó que la estancia en el banquillo sería larga. 

De forma consecutiva, “La Celeste” calificó a los mundiales de Brasil 2014 y a Rusia 2018. En Brasil, tras la expulsión de Suárez por el altercado con Chiellini, el “Maestro” dimitió a su cargo ante la FIFA, por considerar excesivo el castigo. El grupo de jugadores le pidió que considerara su decisión y él optó por quedarse; Suárez y compañía no olvidarían ese gesto. Todo el grupo se unió y ayudaron al delantero a que la sanción fuera llevadera. Cerraron filas y hubo apoyo total. El grupo, gracias al Profe, salió fortalecido de esa situación. 

Dos años antes de Rusia, Tabárez fue diagnosticado con el Síndrome Guillain-Barre, que se trata de un trastorno en el que las células nerviosas son atacadas por el sistema inmunológico; es decir, se ataca así mismo. Esto deriva en inflamación, debilidad de los músculos, que se atrofien y finalmente, en parálisis. A pesar de esto, y tomando en cuenta los antecedentes del equipo, solo acabó en una cosa: El grupo se unió más. Están a muerte con él y él con ellos. Se ha vuelto más que un entrenador y más que un maestro.

Muy seguido se dice que los entrenadores son considerados por varios jugadores, como segundos padres. Más que mentores, confidentes o amigos. Y para muestra, los festejos de Cavani, Suárez y Godín, los líderes de Uruguay, con su “Maestro”. Después de dejar en el camino a la Portugal de Cristiano Ronaldo, la Federación anunció que habrá Tabárez para rato, dándole así un voto de confianza y apoyo. Volteando hacia atrás, su proceso tiene 12 años de trabajo; por delante tienen los cuartos de final de Rusia, de su cuarto mundial. Y están, él y su filosofía, más vigentes que nunca. 

“Primero hay que querer, después hay que creer y finalmente hay que hacer todo lo que esté a tu alcance para intentar lograr el objetivo”

Su liderazgo es diferente a muchos de los estereotipos actuales. No grita, no exhibe, no regaña. No está parado en las fronteras del área técnica. No festeja los goles viendo a la tribuna y mucho menos discute con el árbitro. No es su estilo. Es más bien la calma que transmite, es su quietud la que contagia y es el amor propio el que imparte en la cátedra del vestidor. Ahí, con su pizarrón y frente a sus alumnos, muestra cómo se debe jugar a la pelota. Como si estuviera en la escuela, con sus pupilos, enseñando. Así es el “Maestro” Tabárez y así es su amor al futbol.

Cuando nos toque perder, que sea con dignidad. No hay que valorar las cosas únicamente a través de los resultados, las cosas tienen valor por sí mismas. – Óscar Washington Tabárez. 

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